La opinión de Figari

A propósito de la convocatoria que el Museo Figari viene realizando para que los niños y las niñas envíen dibujos y pinturas como “regalo de cumpleaños” en fechas de aniversario al nacimiento de don Pedro, traemos a colación la opinión del propio Figari sobre el aporte del arte infantil (crítica a una exposición de arte infantil mexicano de 1925).

Llama la atención la lucidez y la actualidad de la reflexión figariana, que reporta los valores estéticos del arte infantil (“negar el esteticismo del arte infantil es como negar la belleza de una flor silvestre”), la ingenuidad y la frescura (“se advierte una gracia, una elegancia, una primorosa sencillez y frescura”). Figari, adelantándose a las teorías que luego se desarrollarían a lo largo del siglo XX, desdeña la copia –es más, la condena con furia– y apuesta por la expresión y la imaginación: “del propio punto de vista pictórico, hay armonías, finezas y novedad muy recomendables, así como méritos de observación, de composición, algunos extraordinarios.”

Valora las artes plásticas en el desarrollo del psiquismo (“en Méjico se esmeran en procurar un lenguaje a los niños que van a la escuela, uno más amplio quizá que el abecedario, más dispuesto a fijar estados psíquicos de esa hora”) y para la salud social (“se entrega a los educandos el medio de ampliar lo más posible su mentalidad y su capacidad creadora”) hasta encuentra una razón de autonomía para los pueblos americanos (“Los efectos de tal disciplina en pueblos en formación, que andan empeñados en buscar su cauce propio… no tardarán en verse y sorprender.”)

Reproducimos el artículo de forma íntegra y lo acompañamos de dibujos infantiles del propio Figari, hallados en un librito adolescente hoy perteneciente al archivo del Museo Figari.


Dibujo hallado en el libro de estudio de francés de Pedro Figari. L'adolescence.
Libraire de L´hachette y cia. Paris, 1867. Acervo Museo Figari


Arte infantil mejicano*


Negar el esteticismo del arte infantil es como negar la belleza de una flor silvestre, y negarlo por razón de su ingenuidad deliciosa, es desconocer el valor de lo propio que se esmeran en lograr los refinados: la ingenuidad, aquellos que ya vienen de vuelta de lo truculento, desencantados.

Al ver las pinturas que se exhiben en Amigos del Arte, alguna particularmente,  y no pocas, se advierte una gracia, una elegancia, una primorosa sencillez y frescura, a veces hasta el fino chiste capaz de sonrojar, se hemos caído en la debilidad de ponernos demasiado graves frente el pintoresco abigarramiento de la vida; y se acaso puede separarse una manifestación estética de su medio exteriorizador, diría que, del propio punto de vista pictórico, hay armonías, finezas y novedad muy recomendables, así como méritos de observación, de composición, algunos extraordinarios. Es, pues, el fruto más espontáneo y mejor de una mentalidad en formación.

Esa es mi opinión; pero, veo algo más aun en dichas pinturas. Veo que en Méjico se esmeran en procurar un lenguaje a los niños que van a la escuela, uno más amplio quizá que el abecedario, más dispuesto a fijar estados psíquicos de esa hora, lo mismo que en otras partes se quisieran logar por la copia de modelos clásicos incomprensibles para el niño, y sin interés, los que despiertan más bien una disposición simia en ellos, cuando no la más necia vanidad.

Debido a una iniciativa de Best Mangard y de Rodríguez Lozano (uno de los artistas que también exponen muy interesantes pinturas en el mencionado salón) hay ya en Méjico cientos de miles de niños que disfrutan del beneficio de aquel lenguaje, tan grato como útil y saludable. Es muy difícil predecir lo que habrá de producir en consecuencias ventajosas dicho régimen, pero puede desde ya asegurarse que las ventajas son muchas y muy estimables. Los efectos de tal disciplina en pueblos en formación, que andan empeñados en buscar su cauce propio, -después de haber vivido a la zaga, imitando, adoptando como propia la cultura de los demás, cómodamente, tan cómoda como infructuosa y deslucidamente, dichos efectos, - digo, no tardarán en verse y sorprender.

Por lo pronto, es así como puede hacerse una selección juiciosa de vocaciones y aptitudes, lo que es ya mucho, y además, se entrega a los educandos el medio de ampliar lo más posible su mentalidad y su capacidad creadora, propia, admirablemente dispuesta a las organizaciones y prosperidades que se esperan en toda América, que se esperan muchas veces de brazos cruzados, como si se esperase la llegada de un barco.

Así como la imitación produce automatismos, este régimen produce autonomía, y, con el andar del tiempo, como los resultados son progresivos, cada día más deberemos deplorar el no habernos puesto más pronto a preparar los destinos del porvenir.

De otra parte, este procedimiento mejicano es, en la infancia, el medio de hacer agradable la enseñanza, cual debe ser para que sea más provechosa, y entretanto va preparando amplia y sólidamente la mentalidad y la capacidad productora del niño, la misma que ha de formar su carácter y su eficiencia. Méjico toma así la delantera en estos cultivos autóctonos, y lo felicitamos cordialmente.

Debemos en consecuencia aplaudir a MARTÍN FIERRO por cuanto una iniciativa por él prestigiada ha tenido éxito tan brillante.

Pedro Figari

* Arte infantil mejicano, por Pedro Figari, en Martín Fierro, segunda época, año II, nº 18, Buenos Aires, junio 26 de 1925. 

Pedro Figari niño
Retrato de Pedro Figari niño. Montevideo, ca. 1875 . 18,2 x 13 cm
Copia posterior en gelatina y plata. Autor: s/d. Acervo Museo Figari

Viernes 2 de Julio de 2021
Dirección Nacional de Cultura